El verbo hecho carne

Sermones

5 de diciembre de 2010

 

El mensaje principal de toda la Biblia es la salvación del alma provista por Dios a través de su Hijo Unigénito; por eso, necesitamos saber más de Jesús, para estar más preparados al presentar este mensaje.

 

 

1En el principio era el Verbo,  y el Verbo era con Dios,  y el Verbo era Dios.

2Este era en el principio con Dios.

3Todas las cosas por él fueron hechas,  y sin él nada de lo que ha sido hecho,  fue hecho.

4En él estaba la vida,  y la vida era la luz de los hombres.

5La luz en las tinieblas resplandece,  y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

6Hubo un hombre enviado de Dios,  el cual se llamaba Juan.

7Este vino por testimonio,  para que diese testimonio de la luz,  a fin de que todos creyesen por él.

8No era él la luz,  sino para que diese testimonio de la luz.

9Aquella luz verdadera,  que alumbra a todo hombre,  venía a este mundo.

10En el mundo estaba,  y el mundo por él fue hecho;  pero el mundo no le conoció.

11A lo suyo vino,  y los suyos no le recibieron.

12Mas a todos los que le recibieron,  a los que creen en su nombre,  les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

13los cuales no son engendrados de sangre,  ni de voluntad de carne,  ni de voluntad de varón,  sino de Dios.

14Y aquel Verbo fue hecho carne,  y habitó entre nosotros  (y vimos su gloria,  gloria como del unigénito del Padre),  lleno de gracia y de verdad.  Juan 1:1-14

 

El discípulo amado de Jesús, Juan, convertido en apóstol, escribió este evangelio conociendo ya muy probablemente los otros tres evangelios. Lo que a Juan interesó hacer era, no una biografía o una cronología, sino presentar una serie de temas que enseñó Jesús en los últimos días de su ministerio, en los cuales se hace énfasis en su divinidad y eternidad. En el evangelio de Juan vemos constantes referencias a Jesús como el Hijo Unigénito de Dios y como el eterno y único Salvador.

 

El principio al que se  refiere el versículo 1, es el mismo al que se refiere Gén. 1:1. Este principio sin embargo, no representa un inicio de Dios, pues Él no tiene principio ni fin de días, sino que para el hombre representa un principio (un tiempo) en el cual solo Dios existía. En ese principio ya estaba el Verbo (con mayúscula). Aquí el Verbo no se refiere a un elemento gramatical (acción), sino que se refiere más bien a la Palabra (este término aparece en varias versiones bíblicas),  pero tampoco podemos reducir el término “Verbo” solo a “palabra”, tal como la oímos o conocemos. Realmente aquí el término Verbo es difícil de explicar, pues no es una palabra común, ya que representa lo más amado por Dios, pero más adelante en este mismo pasaje llegamos a comprender quien es este Verbo (1:14), pues es una persona. En el principio ya existía el Verbo y estaba con Dios, pero también el Verbo era Dios. A pesar de ser algo tan profundo, ya alcanzamos a entender, al leer estas palabras, que el Verbo y Dios son uno.

 

Este tema es eminentemente doctrinal y por lo tanto, debe estar su enseñanza muy firme en nosotros y no podemos dudar lo que la Escritura dice. Tengamos cuidado entonces, porque (por ejemplo), la pseudobiblia de los autollamados “testigos” (la Versión del Nuevo Mundo) dice al final de este versículo “el Verbo era un dios”; tal declaración es muy diferente a la que aquí tenemos pues no era “un dios”, sino que el Verbo es Dios mismo, el único que existe, el Verdadero.

 

En el versículo 2 se reafirma que el Verbo ya existía en el principio (en el Génesis) y estaba con Dios. Entonces el Verbo, como es Dios, es increado como Él.

 

El versículo 3 se refiere a que el Verbo hizo todas las cosas, esto de inmediato nos recuerda lo que dice Heb. 11:3: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios,  de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” Como la creación es atribuida tanto a Dios (Gén 1:1, Sal. 19:1), como al Verbo, entonces el Verbo y Dios son uno y por su palabra, Dios trae a existencia el mundo. Cuando leemos “Todas las cosas”, se entiende al universo (o cosmos) y  todo lo que en el está (incluyendo la tierra y los que la habitan).

 

 Cuando el hombre no existía, ya estaba en el Verbo la vida de los hombres (la luz), que implica la voluntad de crearlos (vers. 4).

 

A partir del versículo 5 y hasta el 18, vemos en estos el resumen del evangelio de Juan (o sinopsis), después de los mismos, el evangelista procederá a relatar los hechos de los que fue testigo cuando anduvo con Jesús. Pero centrémonos en los mencionados versículos:

 

El relato del evangelio es el relato de la lucha continua de la luz con las tinieblas, donde se nos muestra la victoria final de la luz sobre las tinieblas. El evangelista hace referencia al otro Juan (el Bautista), enviando por Dios para preparar el advenimiento del Verbo a este mundo, para que todos creyesen en Él.

 

Habiendo el Verbo de Dios creado las nebulosas, las constelaciones, las galaxias, los sistemas solares, los planetas y todas las estrellas, venía aun planeta, a éste, no a otros ni antes ni después, porque solamente este planeta está habitado (Gén. 1:1-27). Este hecho muestra la importancia que tiene para Dios el hombre sobre toda la creación y la importancia que concede a cada uno en lo individual. La venida del Verbo a este mundo era inminente. Llegó el Verbo al mundo que había hecho, pero no le reconocieron como siendo enviado de Dios ni siendo el mismo Dios. Arribó entre la nación judía, pero los judíos le rechazaron (no reconocieron su misión).

 

Pero a los que creyeron en Él (los menos), con su poder los hizo hijos de Dios, los cuales como hijos de Dios son renacidos espiritualmente de Él, convertidos y transformados por su voluntad y poder; por lo mismo, pasan a ser de otra naturaleza.

 

El hecho de que al venir al mundo el Verbo se hizo carne, quiere decir que Dios se humanó, que tomó forma y cuerpo de hombre, significa que el Verbo es Jesús el Cristo.

 

Juan, el que escribe esto, es un testigo ocular y físico, pues fue llamado, enseñado y enviado a predicar por Él. Juan vio la gloria de Jesús en la transfiguración (Mr. 9:2), lo vio como el Unigénito Hijo de Dios. Jesús es Dios.

Al tomar forma y naturaleza de hombre, el Infinito se vio como finito, el Eterno se vio como temporal, el Invisible pudo ser visto y El Espiritual se pudo tocar.

 

En el principio, ya existía el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Gén. 1:2,26). Jesús dijo que Él es la vida (Jn. 14:6) y que Él es la luz (Jn. 8:12). La verdadera vida y la verdadera razón para vivir solo se hallan creyendo en Cristo Jesús. Juan el Bautista anunció que Jesús vendría; nosotros debemos anunciar que ya vino, pues nos ha dado poder para predicar, vivir, orar y amar. Gocémonos siempre en la gracia infinita de Jesús y en su verdad.