El Mayordomo Deshonesto

Sermones

El Mayordomo Deshonesto

30  de noviembre de 2008

 

Pongamos los dones que tenemos al servicio de Dios; utilicemos los bienes para agradarle y servir a otros, no por el miedo al acusador, sino por amor a Dios.

 

 

1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.

2 Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

3 Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da verg:uenza.

4 Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.

5 Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

6 Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.

8 Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.

9 Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

11 Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?

12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Luc. 16:1-12

 

Estamos llamados a ser siervos ejemplares de Dios, pero también trabajadores ejemplares que cuidan la empresa para la que trabajan, que cumplen a tiempo lo que les es encomendado en la función que cada uno tenemos. A Dios es a quien primeramente debemos rendir buenas cuentas. Aparte, todos tenemos sobre nosotros en esta tierra, a una persona a la cual debemos rendir cuentas, para la cual cuidamos de ser cumplidos, porque está de por medio nuestro salario.

 

En esta parábola encontramos un mayordomo al cual le fue confiada la hacienda, pero este mayordomo no cuida su trabajo, pues es un disipador. Un disipador es aquel que destruye y malgasta la hacienda o caudal.

Uno que hace desaparecer los bienes. Si ser disipador de lo propio es malo, el disipar los bienes de otro, es peor (gastándose lo que no es de él).

 

Muchas personas ven fácil la acción de “tomar algo prestado y luego devolverlo” Pero esas personas casi nunca devuelven lo tomado. Algunos lo devuelven sólo si son descubiertos y, como consecuencia, puestos en evidencia para que se avergüencen. Así, muchos toman “prestadas” de su oficina la impresora, la copiadora, las hojas, los lápices, los bolígrafos, el tiempo, etc. Otros se anotan viáticos de más o encuentran otras formas de tomar lo ajeno. Pero, todo eso es “robar”.

 

El que actúa así, no es un buen mayordomo. Los cristianos no tenemos justificante para actuar así. El acusador, que es el diablo, está siempre disponible para llevar el chisme ante nuestro Dios.

 

En el versículo 2, vemos que el mayordomo deshonesto es confrontado con su patrón. En un caso así, debe sentirse gran vergüenza. Este mayordomo de la parábola; es avisado de que perderá su empleo. Perderá más de lo que había ganado en el robo.

 

¿Cuántas personas han perdido su empleo por falta de probidad?, ¿cuántos debieran perderlo? ¿Qué sería de nosotros si nuestro Señor (Dios), nos retirara del ministerio que tenemos por falta  de probidad? En ese caso, sería mejor entregar el cargo antes que Dios nos lo pida.

 

Es imprescindible ser honestos en todos los ámbitos en los que nos movemos.

 

La situación del mayordomo de la parábola es difícil, porque es perezoso y además penoso (¡es un cínico!). Pero era sagaz. Este tipo de personas abundan (fulleros, marrulleros, vívales). Dicen los versículos 5, 6 y 7:

 

Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.

 

De algo podía ser admirado este mayordomo, y era por su sagacidad. Como cristianos, no saldremos bien librados al hacer negocios, tratos financieros o sociedades con este tipo de personas. No nos conviene. No lo hagamos. No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 2ª.Co. 6:14

 

El versículo 9 es especialmente difícil de entender, pero debemos partir del principio de que toda riqueza obtenida no teniendo temor de Dios, tiene un buen porcentaje de mal habida. El hombre (o joven) rico de Mar. 10 y Mat. 19, si hubiese repartido sus bienes entre los pobres, habría hecho muchos amigos (Mar. 10:21). Zaqueo seguramente ganó amigos redistribuyendo las riquezas mal habidas (Luc. 19:2-10). Se está hablando de las riquezas mal habidas (o sea, las que ya se tienen); no se refiere a conseguirlas apenas. Los fariseos que eran avaros, estaban oyendo, como dice el vers. 14. Eran de una posición económica acomodada. Son palabras dirigidas a alguien que ha actuado mal, para que rectifique. Las buenas obras no salvan, pero todo cristiano las tiene, porque es salvo y serán de gran utilidad el día del juicio en lo relacionado a las recompensas. Evidentemente, ningún cristiano debe hacer buenas obras para recibir recompensa, sino que las realizará por amor a Dios y al prójimo.

 

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. El mayordomo de Dios no está para tomar algo, sino para dar. 2ª. Co. 9:6

 

El mayordomo debe estar listo para darse a sí mismo a Dios y a sus semejantes en su corazón, tiempo, fuerza y recursos materiales. Siempre de manera voluntaria.

 

· Mientras el mal mayordomo despoja, miente y disipa los bienes, el buen mayordomo se entrega a Dios.

· El buen mayordomo no espera tener mucho para dar. El que no da porque tiene poco, no está listo para dar cuando tenga mucho.

· El que no sabe cuidar lo que es de otro, cree que sí cuidara lo propio, pero la Biblia dice que no será así.

La honestidad debe ser siempre una de las virtudes que distingan al que ha creído en Jesucristo.