El Hombre Rico

Sermones

El Hombre Rico

 (El joven rico)

23 de noviembre de 2008.

 

Los cristianos hemos sido constituidos como administradores de las cosas de Dios. Es bueno que nunca olvidemos que todo lo que tenemos en custodia no es nuestro, pero es para nuestro bien y el de otros.

 

 

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Mar. 10: 17-22

 

Cuando no conocíamos a Cristo Jesús, tal vez habíamos llegado a pensar que las personas que tienen mucho dinero, posesiones, autos, profesiones, empresas, etc., eran felices. Dentro de esos pensamientos superfluos, casi todos alguna vez pensamos en sacarnos la lotería y hacer el bien a muchos. Pero no hay rico que sea feliz, mientras no tenga un encuentro con Dios. De hecho, de dos personas sin Cristo; uno rico y uno pobre; es más infeliz el rico. Porque siempre está pensando en acrecentar su riqueza (Ecl. 5:12). Entonces, estábamos equivocados en aquella apreciación.

 

Además, la riqueza es relativa; porque un rico no se cree rico al lado de otro que tiene más que él.(Pr. 13:7). La pobreza también es relativa. No estamos en contra de los ricos. Pero es necesario que un cristiano rico recuerde siempre de dónde proceden todas las cosas:

 

Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;

no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,

y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;

y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;

que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;

que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien;

y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Dt. 8:11-18

 

De este pasaje de Marcos 10:17-22, conocido con el título de “El joven rico”, existen pasajes paralelos en Luc. 18:18-23  Mat. 19:16-22. De estos tres, sólo en el de Mateo se habla de un “joven” (Mat. 19:20,22); los mayores indicios bíblicos dan a entender que no necesariamente era joven, por tal vez es más válido hablar de un hombre rico (entendiéndose como adulto), como el protagonista que habla con Jesús.

 

“Vino uno corriendo” (dice Marcos), “un hombre principal” (Lucas) y simplemente “vino uno” (afirma Mateo). Es decir, un hombre importante llega apresuradamente buscando a Jesús. Llega con cierta desesperación, pues se hinca ante Jesús.

 

Se dirige a Jesús llamándole “Maestro bueno”, porque este hombre probablemente se creía bueno y le debe preguntar a uno que es bueno. Este hombre siente que tiene ya muchas posesiones, las cuales creyó que le harían feliz. Pero ha llegado a pensar en que se puede ir al infierno y quiere disfrutar las riquezas en esta tierra, pero también ser rico en la otra vida y además salvo.

 

Se acerca a Jesús no porque crea en Él, sino porque sabe que le puede conseguir la vida eterna. Tal vez ha pensado que, si es necesario pagar algo, lo hará (pues tiene recursos). ¿Cuánto cuesta la vida eterna? La gente común cree que todo se puede conseguir con dinero. Creen que con decir “yo lo pago”, ya los demás se les someterán. Los cristianos sí pueden decir “mi problema no es de dinero”, aunque tengan carencias, porque han aprendido a depender de Dios.

 

Este hombre quería congraciarse con Jesús, humanamente. Nosotros nos hemos congraciado con Jesús espiritualmente, porque somos salvos por su gracia.

 

El rechazo de Jesús del título de “Maestro bueno” (en ese momento), tiene el propósito de establecer una distinción necesaria entre la santidad humana y la perfección absoluta de Dios. No perdamos esto de vista.

 

Jesús sabía cómo era ese hombre, pero lo hacía reflexionar y aprovechaba para dejar una lección a sus oyentes. Dios siempre nos está recordando estas mismas cosas a sus hijos.

 

El legalismo y el religiosismo no salvan, y eran las cosa que este hombre practicaba. El legalismo aparenta cumplir con la ley, pero olvida la justicia. El religiosismo cumple un ritual, pero olvida el amor.

 

Sin embargo, Jesús, al mirarle, le amó, como ama a todos los pecadores; pero aunque Él les ama, la mayoría no acuden a buscarle.

 

Jesús sabía que ese hombre tenía otro dios; el dios de las riquezas. No se pueden tener dos dioses (aunque uno sea falso). El problema no es ser rico (no es pecado), el problema es que se tenga a las riquezas como un dios. No se necesita ser rico para tener a las riquezas como un dios. Es necesario deshacerse de ese dios o de cualquier otro que la gente tenga. Para que alguien se pueda acercar al verdadero Dios, debe antes deshacerse de otro u otros dioses que tenga.

 

El que quiera ser recibido por Dios (el único Dios), deshágase de cualquier otro; venda todo lo que tenga).

Las riquezas pueden ser una gran bendición cuando de ellas se benefician también los pobres. Los que acuden al Dios verdadero, son los que alcanzan la verdadera riqueza en el cielo.

 

Mientras en esta tierra, los que están dispuestos a seguir a Jesús, deben tomar su cruz (y la cruz puede significar carencias, hambre, persecución, enfermedad; pero también dedicación, empeño, fidelidad, gozo y amor a Dios).

 

Aquel hombre se fue triste, no quiso abandonar al falso dios. No es suficiente querer ser salvo, si la salvación se busca por el medio equivocado. Si se hubiese quedado unos minutos más, tal vez se habría entregado a Jesús, pero no quiso hacerlo. Nosotros hemos optado por seguir a Jesús y no volveremos atrás.