Anhelo de andar con Dios

Sermones

30 de enero de 2011

 

De todos los propósitos que el hombre puede tener para cumplirlos de inmediato, el mejor será andar en el camino de Dios.

 

 

9Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

10El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

11Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.

12La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.

13Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,

14sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. Rom. 13:9-14

 

En el Libro del Éxodo, capítulo 20, versículos 13 al 16, encontramos los mandamientos sexto al noveno, a los cuales aquí el Señor Jesús hace referencia y que son en ese orden:  no adulterar, no matar, no hurtar y no decir falso testimonio. Pero el mandamiento del amor envuelve a todos éstos y los demás, como ya se expresa desde antes en Dt. 6:5, que dice: Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Éste mandamiento fue reconocido por el Señor Jesús como el gran mandamiento (Mt. 22:37-39). Se traduce también en lo que leemos en Dt. 11:1: Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días. Solo el que ama a Dios puede andar en su camino. Una persona incrédula de Dios no puede andar en el camino de Él, aunque ande en un camino moralmente bueno.

 

Se notará que verdaderamente andamos en el camino que Dios nos ha trazado, si amamos a nuestro prójimo, y si es así, lo más probable es que tengamos buena relación con él. Si nos proponemos y esforzamos en tener buena relación con nuestro prójimo, tendremos paz, tranquilidad y alegría. Entonces si en algo de esto estamos mal, empecemos a trabajar en ello (hagamos lo que debemos hacer). La ley del amor es superior a cualquiera otra y la única fuente del amor es nuestro Dios. Él ha dado la capacidad de amar a todas las personas; crean o no en Él.

 

También puede ser que, aunque amemos a alguno, éste no nos ame y aun nos maltrate; si es por causa del evangelio tendremos que padecerlo. Pero debe quedar claro que aquel que maltrate a los hijos de Dios se las tendrá que ver con Él (no debe ser deseo nuestro, pero así ocurrirá). Por nuestra parte, tengamos los más altos principios sobre nuestros semejantes (sean o no cristianos), a ninguno maltratemos de palabra o de hecho, seamos los primeros defensores de los derechos humanos de toda índole, pero sobre todo aquellos que tienen que ver con la justicia y la igualdad. Como Dios ama a todo el mundo así lo debemos hacer nosotros. Todo el género humano está hecho a su imagen y semejanza, seamos incapaces de maltratarlo o de asociarnos con quienes lo hacen. El amor de nuestro Señor Jesucristo nos hace actuar así.

 

Como cristianos, no tenemos la responsabilidad de ser profetas o intérpretes del tiempo, pero sí observantes del mismo, para actuar conforme a la voluntad de Dios. Si observamos debacle económica, entonces procuremos guardar algo, no gastando en lo superfluo. Si observamos que se pierden algunos empleos, cuidamos el nuestro, cumpliendo como Dios manda. Si observamos inseguridad, tomemos medidas de precaución, sin caer en el miedo ni la exageración. Si vemos las mentiras de la televisión, veamos menos televisión. Si es necesario emitir nuestro voto (lo será), hagámoslo con inteligencia, no votando por una persona o partido solo porque aparece mucho en el televisor.

 

Si observamos que proliferan los falsos maestros, cuidemos de no caer en sus redes. Si no somos dados a leer la Palabra de Dios, leamos más para estar mejor preparados para servirle a Él y a nuestros semejantes. Todo lo que hagamos debe ser en el contexto de que en cada acción debemos agradar a Dios, sabiendo que el tiempo quedará cancelado en el momento que Jesucristo el Señor regrese y ese momento puede ser éste. El ejercicio de la responsabilidad nos hará hombres con sabias decisiones.

 

Los hijos seguirán creciendo y tendrán nuevas necesidades a cubrir; estemos con ellos en ese tiempo. En  general, estemos preparados para nuevas circunstancias. Que el amor que tenemos a Dios se traduzca en servicio. Que le seamos fieles en todo lugar y en el templo. Que despertemos las áreas de nuestra vida que están adormiladas y las ejercitemos en el camino de Dios. Estemos siempre conscientes de que cada día que pase estaremos más cerca de estar con el Señor (1ª. Pe. 1:3-5).

 

Propongamos en nuestro corazón andar solo en la luz de Dios, pero sin prometer algo a Él. El tiempo de las convivencias en donde hay maledicencias y el vino corre, debe ya estar fuera de nuestra actividad. Dios nos ayuda en nuestras debilidades. No avalemos a los que andan en la carne, antes huyamos de situaciones que atentan a nuestra debilidad; eso no es un acto de cobardía sino de sabiduría.

 

Si amamos a Dios, amamos al prójimo, pero el que no ama al prójimo, ¿amará a Dios? Si algo nos falta en esto, atendámoslo de inmediato. Seamos buenos observantes del tiempo y estemos atentos a las grandes cosas que Dios hará, para que estemos allí. Comprometámonos para andar en el camino de Dios, sin separarnos, sin desviarnos, teniendo la mirada puesta solo en Cristo Jesús.

 

Para vestirnos del Señor Jesús, es necesario antes despojarnos de las ropas que nos hacen ver como personas del mundo, dichas prendas debemos ya considerarlas como harapos, para que ahora vestidos de Él, estemos vestidos de amor y todo que encierra; respeto a todo el género humano, dignidad en cada uno de nosotros, caminando con humildad y con responsabilidad.